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Dª Matilde Huici.
Mi distinguida e ilustre amiga: Llega a mis
manos su amable carta del 28 trayendome la satisfac-
cion de ver que no me equivoqué y que se trataba de
la eminente letrada española cuyo nombre vino
a mi por extraños senderos franceses. Las personas
que me dieron su direccion diciendome que le escri-
biese, me indicaban la posibilidad de que V. encon-
trare acomodo para mi, que me sacare de la situa-
cion de refugiado y mas ahora que hay la orden de
deshacer los campos y no se sabe que haran de los
que quedan sin colocacion, en la colonia de Marsella,
o cosa parecida donde pudiera dar lecciones o algo
semejante. La ficha que tiene la bondad de enviar-
me y que le devuelvo llena, le dira que aun siendo
un hombre fuerte, tengo demasiados años para-
poder, aun poniendo toda mi voluntad en ello, ha-
cer trabajos agricolas, ni nada que suponga es-
fuerzo material, tanto mas teniendo una peque-
ñisima aortitis, pero que aun siendo insignifi-
cante, segun los medicos, no me permite por
ejemplo andar de prisa. Aqui voy casi a diario
al pueblo - 4 Kms - pero despacio, conversando y sin
la menor fatiga, pero si ando 200 metros acelera-
damente la aorta me frena recordandome que
esta en su sitio y hay que caminar con pru-
dencia.
No necesito decir a V. cuanto le agradecere que
se interese por mi y procure sacarme del atollade-
ro. Si al llegar a Francia me hubieran dejado ir
a Paris hubiera resuelto todo, porque estaban alli
mis amigos, sobre todo Marcelino Domingo y Augus-
to Barcia. El 1º murio en Toulouse cuando iba a
Montauban en busca mia, segun me habia dicho
en una carta y el 2º salía para America dos dias
despues de recibir mi primera carta pues tardé
3 meses en saber su direccion. Me mandó una
cantidad y me expresaba su dolor por no ha-
ber sabido antes de mi, asegurandome que todo
se hubiera solucionado bien.
Sabe V. quien soy, lo que soy y para lo que pue-
do servir. No aspiro mas que a poder resistir
aqui, en Francia, el tiempo que nos quede, que
supongo no sera largo y a poder traer a una
de las mujeres de mi familia para que me
atienda, pues de todas mis tristezas la que
mas me acosa es la soledad.
Perdoneme las molestias que le causo, en gra-
cia de la situacion y cuente con el recono-
cimiento y la adhesion de su afectisimo ami-
go y compañero
Manuel de Castro
Piedra
1 - 4 - 40.