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La Chapelle, 19 - 11 - 39
SR. D. EMILIO BAEZA MEDINA.
París.
Querido amigo y correligionario:Como verá usted por el encabezamiento
hoy le escribo de una nueva residencia, y precisamente el contarle las
circunstancias en que se ha producido este cambio es la principal ra-
zón de esta carta.
Aunque yo en otras ocasiones le he dado algunos informes acerca de
nuestra situación, es necesario establecer los antecedentes de la cosa
para su exacta comprensión.
Cuando evacuamos España la última vez, el único sitio en Francia en
donde contábamos con amistades era St. Junien. El origen de estas amis-
tades fué el hecho de que mi mujer, a la evacuación del Norte, fué di-
rigida a dicha ciudad, en donde se estableció una colonia de refugiados
españoles. El tener un niño con ella de un mes escaso, su propio buen
carácter, etc., atrajeron la atención de una familia de buen corazón
que se interesó mucho por ella, hasta el punto de que, cuando la colo-
nia fué disuelta, unos meses más tarde insistieron para que se quedara
en Francia albergada en su casa. Más tarde, mi mujer quiso reunirse con-
migo en Barcelona y así lo hizo, pero la amistad continuó in crescendo,
y como cosa natural, cuando se evacuó últimamente Cataluña fueron estos
buenos amigos quienes se encargaron de reclamar y tomarnos a su cargo,
a mí y a los míos, dispersados a la entrada en Francia por distintos
refugios.
En estas condiciones, hemos continuado varios meses, hasta que mi mu-
jer fué empezando a encontrar trabajo, nuestros protectores nos alqui-
laron una pequeña habitación independiente, nos prestaron los muebles
y utensilios indispensables e incluso una máquina de coser, que permi-
tió a mi mujer realizar su trabajo de costurera. Es así que ya últi-
mamente habíamos llegado a desembarazarnos en absoluto de la car-
ga de sostenernos, cosa que habíamos ido consiguiendo progresivamente,
y este era ya el último mes que nos pagaban la habitación, único gasto
que todavía hacían. Este resultado se debe a que, al ritmo actual, mi mu-
jer ganaba cerca de 800 francos mensuales, lo que, unido a la pequeña
reserva constituida por una suma de 800 francos que me envió reciente-
mente el Sr. Méndez Aspe, como funcionario de Hacienda, nos permitía
atender por lo menos a nuestra estricta manutención, pues el pequeñín
continuaba siendo atendido por ellos, en lo que tenían especial inte-
rés. Yo mismo pensaba poder conseguir algunas lecciones de español y ya
tenía incluso la promesa del del Director de la Escuela Superior de St. Ju-
nien, de ayudarme a ello. En esta situación, el lunes último me convo-
caron a la Comisaría de la Ciudad para decirme que por orden de la Pre-
fectura de Limoges teníamos que salir de St. Junien en dirección de este
pueblo, en donde se encuentran cuarenta o cincuenta españoles más, que
estaban en colonia en St. Junien, y fueron enviados aquí para dejar li-
bres los locales que ocupaban, en favor de los refugiados de Alsacia. Es-
ta orden nos la dieron ellunes a las cinco de la tarde y tuvimos que
salir el martes a mediodía. Mi mujer tuvo que devolver trabajo encar-
gado, que la ocupaba ya, como mínimo, hasta el mes de enero. Nótese
que hasta ahora hemos vivido con carácter absolutamente particular y sin
coster un céntimo al Gobierno francés, mientras que ahora estamos total-
mente a su cargo.
La explicación de la Comisaría es que se trata de una medida de carác-
ter general. Sin embargo, usted sabe perfectamente que continúan resi-
diendo particularmente en Francia centenares de refugiados españoles,
y sin salir de St. Junien hay otras dos familias a quienes nadie ha
dicho nada y que viven por su cuenta desde que la colonia fué trasla-
dada aquí. ¿Cuál es, pues, la verdadera causa? No veo más que una. La
familia que nos reclamó es de tendencia comunista, y sin duda se su-
pone que yo lo soy también, y que, por lo tanto, debe considerárseme
como indeseable. No necesito hacerle notar lo monstruosamente erróneo
de esta apreciación, dada mi verdadera filiación política, y que, na-
turalmente, mi formación y mentalidad políticas corresponden exacta-
mente con mi carnet. Es algo que para ya del absurdo. Que en un país
gobernado por radicales-socialistas, un afiliado a Izquierda Republi-
cana de España pueda ser considerado como peligroso. Total, que para
los franquistas era un enemigo por republicano; del lado de la Repú-
blica, durante la guerra, tuve, como todos los republicanos auténti-
cos, que soportar la arbitrariedad de los extremistas que nos colo-
caban despectivamente el calificativo de 'burgués', y para colmo,
ahora en Francia me colocan a traición la etiqueta de 'comunista'.
!Para volverse loco! Para esto he tenido exquisito cuidado de abste-
nerme de todo lo que de cerca o de lejos pudiera oler a política,
desde que pisé suelo de Francia.
En consecuencia, se trata a no dudar, de un error de tamaño pira-
midal y que nos produce un perjuicio enorme, tanto más cuanto que
nuestra situación actual no es tampoco definitiva, pues se sabe que
en breve plazo todos los refugiados del departamento serán enviados
a un campo de concentración. Desde luego, puedo prevenirle que los
amigos franceses en cuestión no solamente no tienen que ver nada con
tal desaguisado, sino que estarían dispuestos en todo momento a reco-
gerne en su casa de nuevo.
Por otra parte, yo estoy en condiciones de asegurarle que en St. Ju-
nien podemos vivir completamente por nuestra cuenta. Allí tenemos la
seguridad de instalarnos sin costarnos un céntimo y la de que mi mu-
jer puede obtener el rendimiento mínimo de que le he hablado y por
tiempo ilimitado. En otro sitio cualquiera, las dificultades materia-
les serían mucho mayores.
Desde luego, poseo documentación sobrada para probar mi identidad
política actual y aun desde hace ocho años en que ingresé en el parti-
do radical socialista; pero en la forma en que se han producido los
hechos no he tenido oportunidad de hacer uso de ella.
Confío mucho en que usted podrá hacer lo necesario, bien directamen-
te o recurriendo a quienes corresponda, para resolver esta absurda si-
tuación en que se me ha colocado con mi familia. Póngase usted en con-
tacto, si lo estima necesario u oportuno, con el coreeligionario Almi-
ro Pérez Moratinos, de I.R. de Euzkadi, que nos conoce a mí y a mi pa-
dre de antiguo.
Espero con impaciencia su respuesta, y queda enteramente a su dispo-
sición y a la del Partido, E. REINARES.
EMILIO REINARES
Doumailhac
LA CHAPELLE MONTBRANDEIX (Hte.Vienne)